-Por uno te escucho y por el otro te oigo
- ¿Eso se puede?
- Si te lo digo es porque puedo
-Aja, ¿y como haces?
-Es que soy ambidiestro
- Pero eso ¿no es sólo para los brazos?
- Depende si eres de izquierda o derecha. Pero en fin.
- ¿En fin? ¡pero si estamos comenzando!
-Ves lo que te digo. Te oigo y desafinas
-¿Y cuando me escuchas?
- Me cautivas
-Entonces, prefieres escucharme
-No, prefiero oir a diario el divino tormento del caos , que vivir engañado por una falsa melodía que escucho a veces.
- Que indeciso, de verdad. No te entiendo.
- Viste ¡Soy ambidiestro!