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Adorable

Un día de playa como cualquiera. El sol, la arena, la cava y el mar. Un poco incómodo por el pegoste del salitre, Emilio toma la toalla, la moja en el agua del hielo derretido y se limpia la cara. Se le eriza la piel, pero a pesar de eso, siente alivio.

Voltea y empieza a ver el mar. Majestuoso y con un ímpetu indescriptible, la masa azul infinita calla los murmullos en la orilla cuando rompe una ola. Así como llega se retira, llevándose a viajar en su corriente a conchas, granos de arena y una que otra basurita. Borra con su fuerza las pisadas de los que se atreven a estampar sus huellas en la orilla. Emilio recordó la historia de un viejo pescador que afirmaba que le había dado más de mil veces la vuelta al mundo caminando. Todas las tardes iba y marcaba sus pies en la arena. Luego se sentaba a ver como sus pies se iban montados en una ola. Una ola viajera.

Luego en la mañana, antes de que amaneciera iba a recoger sus pisadas. Metía sus pies en el agua y la ola generosamente las devolvía, luego de un largo viaje. El se sentaba de nuevo ver al sol aparecer, mientras escuchaba como los pasos le contaban que habían conocido esa noche.

A veces, el pescador sabía que la ola no le traia nada. Se quedaba en su casa. Esperando. Sentado, cansado de caminar tanto. Una vez, espero tres meses. Habían ido a China. Solo a ido dos veces por allá, porque los pies llegan muy cansados.

Emilio, sin pensarlo se va a la orilla. Deja sus cholas a un lado y marca sus pies. El mar, que no lo conocia, dejo de moverse. Emilio, espero un rato. De repente, de la nada una ola tímida se asoma a lo lejos. Viene un poco desconfiada, moviéndose de un lado a otro. Ya cerca de la orilla, se para súbitamente. Las pisadas ansiosas la esperan, la ola está dudando. De repente de la nada, una gigantesca masa de agua se levanta majestuosamente. Con el brío de 100 caballos galopando, la gran ola llega a la orilla y revienta con fuerza dejando una enorme estela de espuma blanca. Poco a poco el agua se retira, las burbujas se rompen y se ven las pisadas intactas. Emilio, impresionado no lo puede creer. No viajo. El mar no quiso, las olas tampoco.

Las cholas hoy están en China, mandaron una postal. Emilio me contó que en tres meses tiene que ir a la playa, a ver si regresan.

¡Que adorable! ¿no?