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La salida

Parecen las siete de la noche, pero apenas son las cinco y media. El bramido constante del aire acondicionado fue silenciado de repente por el funcionario del ahorro eléctrico que llegó a apagarlo. Esa es la señal que desde hace meses significa el fin de la jornada para muchos en la oficina.

Ahora todo se escucha. El teclear de las computadoras, las carcajadas, los chismes susurrados y los beep constantes de los BlackBerry. La sinfonía corporativa sigue sonando, pero ahora con orquesta de cámara. La mayoría se ha ido.

Entre la polifonía atonal de voces, sonidos y risas,  destacan dos timbres oscuros,  que expresan a gritos, a veces ahogados, una exaltación peculiar. Están programando una salida de hombres, de esas de naturaleza clandestina pero exclamada a viva voz. No reparan en lo que dicen, parecen que quisieran ser escuchados. Parece una rutina típica de “macho que se respete” sacada de cualquier programa humorístico.

-¡Epa, háblame!- Se escucha un estridente grito

-(casi en susurro) Dame un segundito…

-Tranca vale, mira que la vaina es este viernes, y tenemos que cuadrar chola porque el pana se casa la semana que viene- Exigiendo a viva voz mientras hace una seña con los dedos índice y medio simulando unas tijeras.

Volteado y tapando el auricular del teléfono con las dos manos -Ok, le dejo entonces porque tengo una reunión. Le llamo mañana en la tarde para confirmar lo hablado… Gracias, gracias, hasta luego-

Ya más aliviado contesta al mismo tono que el recién llegado -Coño pana estaba hablando con uno de los gerentes de radio base ¿Pa’ dónde es que vamos entonces, cuadraron?-

-Pa’ donde sea, cualquier bati-tubo es bueno

-Y este chamo ¿tiene permiso?

-No se, pero que se ponga pilas porque la loba de la novia ya cuadro su bochinche. Si el no viene, igual le damos, la mía ya está clara que ese día vamos a salir y no voy a arrugar ahora.

- Mira que eso son unos reales, hay que cuadrar bien y que todos cumplan ¿A cómo es el servicio ahí?

-Depende, la vaina es no brindarle tanto a las carajitas, porque ahí es donde se van los reales. Aquí en el piso 6 y que hay un estudio de masajistas, deberíamos averiguar, de repente no son ni caras.

-Bueno, hay que ver, mira que esas bichas se comen las utilidades rapidito. Con la jodedera uno se vuelve loco y se las quiere prensar a todas

-¿Y le vamos a regalar una a este pana?

- Vamos a ver, vamos a ver… de repente un bailecito, porque la tiradita ahí son unos reales

-¿Ahí dónde guevón?

Golpeando fuerte la mesa de su cubículo -Coño, en el piso 6. Tú como que no me estás parando bolas vale-

                                                     ***

 Repica un teléfono varias veces. Aturde. Llaman una y otra vez sin parar. De pronto, se escuchan pasos apresurados similares a un  galope. Un golpe seco  seguido de resoplidos similares a los de una locomotora anteceden a un sonoro -¡Aló!

-A, a,..Aló, hola mijo, pensé que no ibas a devolverme la llamada- Dice con voz profunda y entrecortada. Escucha atengo mientras trata de regular la respiración

-Si, son casi las seis, me quedé comprando las entradas del pre estreno que te conté- responde  todavía azorado por el trote.

- Ya compré, pero te acuerdas que te dije que eran para este sábado. ¡Pues no, me pelé chico! son para el sábado que viene. Y lo peor es que nos toca en la tercera fila- Hace una pausa para escuchar- Bueno, vemos que hacemos este fin, no te preocupes.

 Como por arte de magia, las pláticas lejanas que invadían a la oficina se aplacan. Parece que todos los que hablaban ahora escuchan la conversación ajena del hombre sin rostro, tratando de ubicar, siguiendo la conversación, dónde se sienta el sospecho y cariñoso personaje de oscura voz.

 -Si, ese Daniel Radcliffe está de un bueno- Decreta su afirmación en el ambiente insonoro- Si, Harry Potter, el mago, ya creció y ¡mira que creció!

 Seguido a esta sentencia, silencio, mucho silencio. A lo lejos apenas se escuchó una carcajada nerviosa que incomodó de inmediato al conversador misterioso del teléfono.

 -Mira, me voy, me voy. Aquí no hay nadie. Un besito. Chao

 Un sonido seco, el cierre de un maletín, una computadora apagándose, el tintineo de unas llaves. El sonido agudo del identificador de la puerta termina de confirmar la huida rápida del cariñoso personaje.

 Empiezan a hervir de nuevo los comentarios en la oficina, inentendibles entre las risas y los aplausos. Las conversaciones a gritos entre pasillos se mezclan, provocando carcajadas que poco a poco se oyen más fuertes.

 -¡Otro más que salió!- Gritó alguien entre el desafinado jolgorio de voces.

  -Los que todavía somos, pa’ el piso 6- respondió uno de los gritones.

 -¿Y los que no?- se escuchó una voz de hombre en  falsete exagerado y burlón

 - ¡Pa’l cine!